
La obra teatral De la calle expone el mundo de las personas marginadas que se enfrentan a la crueldad del desamparo. "La calle es de quien la trabaja, vive y ama en ella"
Las calles están pobladas por seres extraños, figuras anónimas que se esconden bajo el suelo o en rincones oscuros; seres grises, con olor, sabor, dolor de calle. Lo más fácil es voltear la mirada cada vez que uno de ellos se cruza en nuestro camino, hacer a un lado el rostro para no percibir su hedor o arrojarles una moneda cuando estiran la mano.
A veces se confunden con los colores lúgubres de la cuidad, un adorno más del entorno urbano que no vale la pena mirar y que, en definitiva, no somos capaces de ver más que como un público plagado de sentencias y lamentaciones pero sin pizca de verdad. Pensamos que la calle es un sitio difícil pero no sabemos cuán duro puede llegar a ser.
De la calle es una pieza teatral de Jesús González Dávila, interpretada por alumnos del Colegio de Bachilleres del plantel 9, dentro de la temporada de las obras ganadoras del XVII Festival Nacional de Teatro Universitario.
La obra muestra la descomposición de la sociedad a través de los drogadictos, delincuentes, prostitutas, que cargan sobre sus hombros todo el peso de la pobreza, la necesidad y la desesperación. Tan habituados a su forma de supervivencia, no logran ver la posibilidad de una vida mejor, se refugian bajo la protección del alcohol, el sexo y las drogas, para disimular a diario el bache por el que escapa el dolor.
El escenario es triste, así como su existencia; pero aún por encima de toda desgracia la esperanza prevalece. Rufino busca a su padre, "el chícharo". En su travesía, el espectador lo acompaña por los lugares más mezquinos de la ciudad, sitios en los cuales la miseria se encarga de desquebrajar la inocencia y romper una a una sus ilusiones.
Rufino sufre las consecuencias hasta el final, pues para él no hay otra forma de finiquitar las cosas. Cada personaje se hunde en su propio sufrimiento, hace a un lado la otra realidad, por que para ellos sólo existe una: la calle.
La pieza aborda una existencia que nos es ajena pues nuestro mundo está construido por piezas organizadas, diseñadas para marcar los límites exactos que delimitan nuestro entorno, mismas que nos impiden asomarnos más allá de sus horizontes.
Una vida o una esperanza menos. ¡Qué más da! En la calle no hay nada, no hay trabajo, no hay dinero, no hay comida, no hay sueños...no hay nada.
Victoria Olivo Hernández
Ciencias de la comunicación

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